|
MI DESCUBRIMIENTO EN LOS ANDES (12 DE Febrero, 2005) Page
in English
Acababa de terminar de guiar en Aconcagua, el Pico
más alto en el hemisferio Oeste de una altura
de 6,950 metros, en los Andes Argentinos, pero no tenía
la menor idea de que estaba a punto de comenzar una
de las aventuras más emocionantes de mi vida.
Siempre me he sentido fascinado por la historia del
accidente del avión Uruguayo sucedido el 13 de
Octubre de 1972. Ese fue el inicio de una increíble
prueba por la que pasaron los sobrevivientes, 72 días
en los que muchos de ellos murieron. Los 16 sobrevivientes
tuvieron que resistir el frío, altura, avalanchas,
aislamiento, desesperación y hambre, por la cuál
se vieron obligados a alimentarse de los cuerpos de
las personas fallecidas. Al final, dos de ellos cruzaron
los Andes en una expedición histórica
y regresaron con helicópteros para rescatar a
los demás.
En una expedición previa al Aconcagua, encontré
que había una manera de llegar al lugar de los
hechos, así que en ésta ocasión
decidí extender mi viaje unos días e ir
a explorar ésta área.
El 10 de Febrero del 2005 (mi cumpleaños) tomé
un autobús de Mendoza a El Sosneado, el pueblito
Argentino más cercano al lugar del accidente.
Fue un viaje de 6 horas en autobús, el que me
llevó al lugar más al sur en el que me
haya encontrado jamás. Ahí conocí
a Edgardo Barrios, propietario del Hostal y quién
ofrece el transporte (vehículos 4 x 4 y caballos)
al sitio. Edgardo me mostró una gran colección
de recortes de periódico y fotografías
del área del incidente. Desde que esto sucedió
los sobrevivientes han visitado el lugar en varias ocasiones
por lo que Edgardo ha conocido a la mayoría si
no es que a todos ellos.
Edgardo y Yo discutimos el plan para los siguientes
días. Le dije que Yo quería explorar la
ruta que tomaron los sobrevivientes para encontrar la
salida, el también mencionó la posibilidad
de escalar al lugar dónde chocó el avión.
Decidimos que Mario Pérez, uno de sus guías,
escalaría conmigo tan lejos como pudiéramos,
así mismo hablamos de la posibilidad de que Yo
pudiera seguir más lejos si el tiempo lo permitía.
A
la mañana siguiente un grupo de turistas Argentinos
y Yo, salimos con Mario Pérez en una camioneta
4 x 4. Fue un viaje de 3 horas a un campamento en dónde
estaban los caballos. Aquí fue dónde entramos
a Los Andes. A nuestra derecha estaba el volcán
Sosneado, que es un Pico muy impresionante que alcanza
una altura de mas de 5000 metros, comimos y salimos
a caballo durante 3 horas. ¡ Fue un gran esfuerzo!.
¡ Nunca imaginé que andar a caballo fuera
tan cansado!, Uno pensaría que el caballo haría
todo el ejercicio, pero es sorprendente cuánta
energía te toma estar sobre un caballo en un
camino difícil. Pasamos la noche en otro campamento
y nos preparamos para el día siguiente.
Mario y Yo salimos muy temprano en la mañana
y viajamos muy rápido a caballo, lo cuál
fue muy cansado para una persona sin experiencia en
cabalgata como Yo, finalmente después de un viaje
de 2 horas y media llegamos al Valle.
Aquí estaba!...el lugar que tantas veces he
imaginado durante tantos años. No obstante lo
que dice el libro es realmente un lugar muy desolado
y bastante lejos de cualquier pueblo. Es un Valle enorme
rodeado en tres lados por grandes paredes y picos, mayores
de 4,000 metros, solamente el lado por el que entramos
está de alguna manera abierto, pero de allá
arriba no es obvio que podría ser una buena ruta
de escape, de hecho sin caballos y con nieve no es necesariamente
el mejor camino para salir, ya que está muy lejos
de todo.
Ahí
encontramos el monumento conmemorativo, que consiste
en partes de avión apiladas y una cruz. En una
de las partes todavía se puede leer FUE de "Fuerza
Aérea Uruguaya", era un avión rentado
a la Fuerza Aérea Uruguaya.
¡Este es un hermoso lugar! Hay glaciares por
todos lados. El monumento está situado en una
pequeña saliente de tierra que no está
expuesta a las avalanchas, ni está cubierta de
hielo glacial, es increíble pensar que éste
es el lugar en el cuál los sobrevivientes vivieron
durante 72 días. Deben haber memorizado las características
de cada pico alrededor de ellos, ya que pasaron horas
interminables viéndolos fijamente. Ellos mencionaron
en el libro que pensaban que el lugar es hermoso pero
al mismo tiempo el peor infierno en el que se pudiera
estar.
Junto a éste monumento se encuentra la tumba
dónde permanecen los restos de los pasajeros
que murieron durante y después del accidente,
éste sitio está marcado por otra cruz.
Después de pasar unos minutos ahí, decidimos
seguir adelante ya que estábamos limitados de
tiempo, llegamos justo arriba de dónde llegó
el fuselaje y aquí es dónde empezaba la
nieve. Mientras caminábamos sobre rocas y nieve,
hicimos nuestro primer descubrimiento.
Mario
encontró un pedazo de plástico transparente
(probablemente salido del plástico de las ventanas
del avión), obviamente labrado como herramienta,
una especie de cuchillo. Al mismo tiempo que lo observaba,
le dije a Mario, ¿te das cuenta de lo que esto
significa?. Era muy probablemente a un cuchillo que
ellos elaboraron para cortar la carne, (carne humana,
en éste caso).
Lo coloqué en mi mochila, para regresarlo al
monumento y decidimos explorar montaña arriba.
Específicamente subimos para encontrar el lugar
dónde había chocado el avión. Sabíamos
que se han tomado fotografías de una hélice
que se encuentra en la parte más alta del pico,
y también que podrían haber partes del
avión así como nuevas evidencias. El terreno
se volvía más empinado cada vez. Hice
unos escalones en la nieve, ya que Mario no contaba
con piolet.
Cerca de una hora más tarde, llegamos a un
área más plana en dónde se encontraban
expuestas unas rocas. Yo sabía que cualquier
área plana sería un depósito natural
para cualquier resto. Las avalanchas bajan anualmente,
nieve, rocas y escombros, que naturalmente se depositarían
en lugares como ése, por lo que comencé
a buscar y ciertamente encontré partes de metal
ligero obviamente pertenecientes al avión. Fue
muy emocionante darnos cuenta de que estábamos
en el camino correcto. Tomamos algunas fotografías
y continuamos sobre un campo de penitentes, (penitentes
son formaciones de hielo parecidas a las estalagmitas,
muy comunes en los Andes debido a las condiciones secas
extremas y a la intensa radiación solar). Estas
pueden crear un gran obstáculo. Mientras escalábamos
entre ellos, caímos en unas pequeñas grietas,
resultó no ser nada peligroso así que
continuamos. A éste punto llegamos a una "Y"
dónde el canal principal continuaba hacia arriba
y hacia la izquierda, a la derecha había otro
canal, más empinado, y más angosto, aquí
descubrimos otra parte del avión, Lo que verdaderamente
me llamo la atención fue que esta pieza la encontré
en un lugar que sugería que esta provenía
del canal empinado de la derecha, no el canal principal
donde todos creen que fue por donde se deslizo el fuselaje.
Esto me pareció muy extraño por dos razones:
primero que nada pensaría uno que ya para ahora
hubieran investigado todo esto muy bien y segundo el
canal de la derecha es mas empinado y angosto; difícil
de imaginarse que el avión bajo por ahí.
A pesar de esto sugerí explorar el canal de la
derecha pues empecé a preguntarme si la teoría
actual del choque era correcta.
Continuamos nuestro ascenso. El ascenso se volvió
más tedioso cuando se terminó la nieve,
desde ese momento estábamos intentando ascender
una ladera de rocas flojas e inestables cercana a los
45 grados de inclinación. Cada paso hacía
que cayeran rocas.
Fue
realmente una ruta terrible de ascenso, pero como estábamos
tratando de encontrar evidencias y no solo subir una
montaña, no teníamos más opción
que seguir esa ruta. Nos tomó muchísima
energía subir, en ese tipo de terreno y estando
a más de 4,400 metros. Justamente cuándo
pensé que no encontraríamos nada más
encontré una parte grande de metal rodeada de
rocas, entre dos enormes penitentes. Esta era la gran
evidencia que Yo estaba buscando. Esto estaba confirmando
mi teoría de que estábamos en el camino
por dónde el avión se deslizó.
Subir por ésta ladera tan empinada y con rocas
tan sueltas se convirtió en algo peligroso. De
pronto se soltó una roca y me golpeó justo
en la espinilla izquierda, fue muy doloroso y supe que
me cortó pero por suerte no fue nada grave (aunque
aún ahora mientras estoy escribiendo esto, 4
semanas más tarde, apenas se está cicatrizando).
Mientras parecía que habíamos alcanzado
la cima del collado sin encontrar nada más...de
pronto llegamos a un punto en dónde encontramos
muchas partes de metal dispersas por todos lados. Encontramos
algo que parecía un tanque de oxigeno o tal vez
un viejo extinguidor del avión. También
encontramos un cable y Mario me enseñó
algo que tenía en sus manos... ¡un rollo
de fotos usado! ¡Todo esto se volvió increíble!
Estábamos obviamente en el lugar dónde,
después de que el avión pegó en
la montaña y se rompió, el fuselaje hizo
contacto con la ladera y comenzó a deslizarse.
¡Había muchos restos en un área
de tan solo 20 por 20 metros! Mientras buscábamos
sin poderlo creer encontramos parte de una cámara,
el marco de unos lentes de sol, una correa de reloj
plateada y muchas partes de avión. Mientras examinábamos
todo esto, volteamos alrededor y fijamos la mirada en
un objeto color azul y Mario me dijo: ¿"Estás
viendo lo que Yo estoy viendo? ¡Nos quedamos sin
habla! Un pedazo de tela azul estaba saliendo de las
rocas. Fue una sensación muy extraña.
Los pensamientos pasaron rápidamente en mi mente
y no pude evitar preguntarme si esos eran restos humanos.
En ése momento le dije a Mario: "Hay que
tomar fotos de todo esto antes de tocarlo, ¡esto
es evidencia histórica!"
Mientras continué subiendo encontré una
prenda blanca. Cuándo movimos las rocas vimos
que eran un par de pantalones de pana beige con un cinturón
de piel puesto todavía en el pantalón.
También encontramos una camisa y un sweater blanco.
Después llegue al pedazo de tela azul y después
de tomarle fotos, empecé a desenterrarlo.
 |
 |
No encontré huesos o restos humanos pero mientras
lo abría me di cuenta que era un saco y sentí
que había algo en su interior. ¡Totalmente
sorprendido encontré que la bolsa interior tenía
una cartera y documentos!.
Mario tomó la cámara y comenzó
a tomar fotos mientras lenta y cuidadosamente saqué
la cartera. La parte de adentro estaba húmeda,
abrí la cartera pensando que tal vez estaba soñando,
vi la fotografía y claramente decía "Eduardo
José Strauch Urioste". La fotografía
de la identificación todavía es reconocible.
La identificación fue expedida en 1968. ¡Encontré
dinero adentro de la cartera! $1,000.00 Pesos Uruguayos
y 13 dólares. ¡ 13!.
¡Que bueno que no soy supersticioso o le hubiera
echado la culpa del accidente a la cantidad de dólares
que Eduardo traía en su cartera!. Los dólares
eran de 1965 y 1969. Así mismo encontré
un recibo para reclamar equipaje y recibo de un abrigo
que él había comprado en Montevideo y
lo había regresado. Decía, "vale
por un buzo..." , lo más impresionante fue
la fecha que tenía 7 de Octubre de 1972, ¡solo
unos días antes del accidente!
Esto confirmaba sin lugar a duda, que todos estos fueron
en efecto restos del accidente y de que muy posiblemente
nadie habia puesto un pie en el lugar dónde estábamos.
Fue una sensación increíble. Hoy en día
cosas así no suelen suceder. Ciertamente nunca
había vivido algo similar antes. Este es el tipo
de cosas con las que hubiera soñado de niño...
descubrir restos históricos de una de las historias
de supervivencia más famosas de todos los tiempos
en un Pico de los Andes no explorado. Convertirme en
parte de una historia que me ha inspirado toda mi vida.
¡ De esto se hacen los sueños!
También era difícil de creer que quizá
nadie a excepto de Mario y Yo supiera que el lugar dónde
chocó el avión fue ahí.
Coloqué en mi mochila todos los documentos de
Eduardo, los lentes, el rollo de fotos y la correa de
reloj. Dejamos el saco en el lugar dónde estaba
para marcar el sitio. Continuamos subiendo la montaña
para ver si encontrábamos huellas del impacto
en las rocas del collado. Todo lo que encontramos fue
un collado liso, sin rocas. Me imagino que el día
del accidente, siendo el principio de la primavera en
el hemisferio sur, cuándo hay más nieve
(especialmente en ese año con tanta precipitación),
el collado debe haber estado completamente cubierto
de nieve, por lo que la panza del avión debe
haber pegado contra un filo de nieve dura. Algo que
debe haber amortiguado un poco el impacto.
Es verdaderamente increíble ver ése canal
y pensar que ellos sobrevivieron el bajar por ahí.
¡Es extremadamente rocoso y empinado! Y es un
largo camino hasta dónde fue a parar. No sé
si los mismos sobrevivientes se dieron cuenta de la
suerte de haber pegado exactamente en dónde pegó
el avión, un poco más a la derecha o la
izquierda y hubieran chocado contra las rocas. Pegaron
justo en el lugar adecuado, tal vez el piloto fue capaz
de dirigir el avión en el último momento
y evitar los enormes picos de roca a ambos lados.
De ahí caminamos hacia él éste
en dónde estaba el otro canal y encontramos la
hélice. Ese era el canal dónde todos pensaron
que el avión había caído. Para
mí, tenía sentido el que el ala derecha
del avión pegó con la montaña,
cómo describieron los sobrevivientes en el libro
y como se vio en la película, y que esto haya
ocasionado que el ala izquierda y la hélice volaran
sobre el fuselaje hasta el siguiente canal. Esto es
tan solo mi teoría; tal vez sea la hélice
derecha...
Esta hélice ha sido fotografiada anteriormente.
Algunas personas han estado arriba del canal principal
y el hecho de encontrar la hélice ahí,
debe haber confirmado la idea de que el fuselaje bajo
por ahí. Pero si así fue, parece imposible
que todas esas partes volaran y cayeran en el siguiente
canal. Hay un gran filo dividiendo los dos canales.
Esto en mi opinión y esto debe ser investigado
más adelante.
Mario
y Yo nos separamos después de fotografiar la
hélice. Le dije que iría a checar el lado
norte del pico en el lugar del impacto. El se bajó.
¡Lo que no le dije fue que era el gran pico de
4,700 metros!
Todavía me quedaba un gran sueño de mi
infancia por cumplir. Siempre me sentí fascinado
por la historia de Roberto Canessa y Nando Parrado (dos
de los sobrevievientes) que cruzaron los Andes y llegaron
a Chile así salvando a todos. En el libro describen
cómo llegaron a la cima de la cordillera dirigiéndose
al oeste y finalmente pudieron ver lo que estaba del
otro lado. Su gran esperanza era ver "los campos
verdes chilenos". Por más de 60 días
todos en el avión se habían imaginado
eso, cuándo finalmente alcanzaron la cima se
vieron en la terrible realidad de que estaban en medio
de los Andes, rodeados de picos nevados, pero de alguna
manera encontraron la manera de salir de ahí.
En la distancia dos picos sin nieve les dio esperanza.
Después de un total de 10 días encontraron
un corral de ganado y fueron rescatados.
De niño y más recientemente como montañista,
siempre quise saber dos cosas: ¿Que distancia
recorrieron y que elevación alcanzaron? y exactamente
¿cuál era la vista desde el punto más
alto? ¿cómo se vería desde mi punto
de vista como montañista?
Habíamos llegado al filo de la cordillera del
lado sur. Ellos habían llegado al collado pero
del lado oeste. Había un gran pico entre dónde
yo estaba y donde ellos llegaron. Si quería ver
lo que ellos vieron tenía que escalar ese pico.
Me quedaba muy poco tiempo, eran más de las cinco
de la tarde, pero decidí ir, esta era mi oportunidad
para hacerlo! Seguí el filo de la montaña.
El terreno tenía una consistencia muy extraña
que jamás he sentido en ninguna montaña.
Parecía plastilina. Podía meter mi piolet
en la tierra con tan solo empujarlo hacia adentro. Estaba
muy húmedo. Seguramente había estado recientemente
cubierto por nieve. El ascenso no tuvo complicaciones
excepto dos secciones. La primera requirió un
poco de escalada en hielo. Traía crampones en
mi mochila pero me quedaba muy tiempo.
El
hielo y la nieve dura me dieron suficiente agarre, así
que seguí adelante sin crampones y con un solo
piolet ( dos hubieran estado muy bien ahí ).
Una vez en la parte más alta de esa rampa de
hielo me pasó por la mente ese pensamiento que
odio tener "¿cómo voy a bajar esto?"
"Bueno lo sabré cuándo regrese".
Y ahí estaba, en un lugar remoto de los Andes,
solo, en un pico que no ha sido escalado previamente,
a las 6:30 de la tarde y todavía intentando hacer
cumbre sin saber si esa ruta funcionaría. Preocupado
por si a mi regreso no encontraría a Mario con
sus caballos. Tenía dos días de conocerlos.
No sabía si se iba a cansar de esperarme o a
enojarse por mi falta de consideración de hacerlo
esperar horas, bajando la temperatura, con sus caballos
que no habían comido en todo el día y
ya queriendo regresar a su casa. ¿Me podría
dejar abandonado en el mismo lugar en dónde se
quedaron los sobrevivientes? ¡Eso sería
verdaderamente irónico! ¡Después
de todo lo que pasó me parecía que cualquier
cosa podría ser posible!. Pero era mi oportunidad
de hacer realidad mi sueño, en dos días
tenía mi vuelo de regreso, no podía extender
más mi estancia ahí.
Así que seguí adelante. Justo debajo de
la cumbre estaba de verdad empinado, era una ladera
muy empinada con tierra congelada. Ese es uno de los
lugares más raros que he escalado. Tuve que usar
mi piolet en el piso congelado para poder detenerme
de algo sólido. ¡Los crampones hubieran
sido de utilidad, pero ya eran las 7! ¡Ya no tenía
tiempo!
¡ Finalmente hice cumbre! Y con ella logré
ver la vista que había soñado por años...
¡no decepcionó! ¡Frente a mí
había una montaña comparable al Mont Blanc,
al lado derecho había enormes glaciares y picos
nevados! ¡Una majestuosa sensación de encontrarme
en medio de la cordillera más grande del mundo!
¡Nando y Roberto deben haber sentido la muerte
al ver esto! ¡Para mí fue increíblemente
emocionante e impresionante! Se veía especialmente
hermoso con la luz del atardecer. ¡Me puedo imaginar
lo que habrán sentido! .Al ver semejante paisaje,
se dieron cuenta de lo difícil que sería
subir la montaña que estaba enfrente de ellos
y que de no lograrlo morirían y junto con ellos
las posibilidades del rescate para sus compañeros,
pero tal y cómo lo mostraron en la película
y en el libro, en la distancia encontraron la esperanza.
Cuando uno mira a la izquierda de esa enorme montaña,
se puede apreciar un cañón al cual se
le une otro valle, y más al fondo, tal y como
lo describieron, dos picos gemelos, sin nieve, marcando
el final de la cordillera.
Mas
allá de los picos, pude ver el aire húmedo,
formando nubes, de los valles verdes de Chile, los cuales
los muchachos querían ver tan desesperadamente
pero no podían. Fue muy valiente de ellos el
bajar a lo desconocido, esperando que ese valle tuviera
salida, especialmente viendo lo lejos que estaban del
final de la cordillera.
Aunque subí y recorrí más distancia
en un día que lo que Roberto y Nando recorrieron
en tres,
mi respeto por su gran hazaña aumento considerablemente.
Estaba muy consciente de que eran atletas pero no montañistas.
No tenían experiencia en montañismo ni
contaban con el equipo necesario. Ellos escalaron con
zapatos de rugby y con unas anticuadas botas para esquiar
que probablemente no les quedaban muy bien ya que pertenecían
a otro compañero; bolsas de plástico para
proteger sus pies del frío y de la nieve; zapatos
para la nieve hechos del material de los asientos del
avión; y por supuesto llevaban 60 días
de mala alimentación y de estar expuestos a los
elementos y a la altura. ¡Lo que ellos hicieron
fue verdaderamente increíble!
Tomé
fotografías lo más rápido que pude
y me di la vuelta para descender. ¡Se estaba metiendo
el sol y Yo me encontraba en la cima de un pico de 4,700
metros en medio de los Andes! .
Baje tan rápido como pude. ¿ No sería
irónico que me pasara algo? Tenía todas
las evidencias de nuestro descubrimiento, fotografías,
"cuchillo", y los documentos de Eduardo. Si
me cayera en una grieta o montaña abajo, Mario
no tendría nada con que demostrarlo. ¿Creería
alguien una historia tan increíble? Eduardo
nunca recuperaría sus cosas. Y las noticias solo
hubieran dado reportes sobre un gringo o mexicano que
se mató en los Andes. Fue un pensamiento interesante.
Mas realistamente, estaba preocupado de no encontrar
a nadie en el monumento y de comenzar una nueva aventura
saliendo de ahí.
En mi descenso encontré parte de un motor, el
cual fotografié rápidamente. Un poco más
abajo en el canal, empecé a gritarle a Mario
con la esperanza de que me escuchara y de que me esperara.
Finalmente nos encontramos y me dio gusto ver a los
caballos con él.
Tan pronto como llegué Mario me dio algo de tomar.
Había estado sin tomar líquidos por horas
e excepción del agua que tome de los glaciares
derretidos montaña arriba. Estaba preocupado
de que Mario estuviera muy enojado conmigo por hacerlo
esperar horas en el frío. Le dije lo que había
hecho y el no estaba enojado en absoluto, fue muy amable
dadas las circunstancias. Comí algunas galletas
que él tenía, nos subimos a los caballos
y empezamos nuestro descenso. Tan cansado como estaba,
el balanceo del caballo trotando y caminando hacia abajo
en un terreno tan inclinado en la oscuridad fue algo
terrible para mí. ¡Cómo hubiera
deseado saber montar bien, mis piernas y espalda me
estaban matando. Cuando llegamos al cruce del río
ya no había luz y tal como lo temíamos,
el río había crecido mucho, podíamos
escuchar como golpeaban grandes piedras en la corriente.
De alguna manera Mario encontró la mejor manera
de cruzarlo y justo a tiempo para que las piedras que
escuchábamos no golpearan a los caballos. ¡Supongo
que también tuvimos un poco de suerte!
Más tarde llegamos al campamento en dónde
todos se mostraron felices de vernos llegar bien. Al
día siguiente, después de horas a caballo,
manejar con camionetas 4x4 y rafting)(lo que hicimos
por diversión) llegamos a casa de Edgardo en
San Rafael; en dónde le enseñamos nuestro
descubrimiento. Dijo: "Es como haber encontrado
otra parte del Titanic".
A
la mañana siguiente llamamos a Eduardo Strauch
en Uruguay. Edgardo le dijo: "Tengo un poco de
tu plata aquí"... y continuamos describiéndole
los hechos. Hablé con Eduardo, quién fue
muy amable conmigo y me dijo que nos pondríamos
en contacto para compartir fotografías y conocernos
en persona algún día. ¡Todavía
recuerdo sus palabras, "No puedo creerlo, se me
pone la piel de gallina, tan solo de pensarlo... después
de 32 años!" Dejé las cosas con Edgardo
para que se las mandara a Eduardo.
Al día siguiente, tomé un autobús
a Mendoza; recogí el resto de mi equipaje de
la expedición a Aconcagua y me dirigí
al aeropuerto. Después de entregar mi equipaje,
me encontré revisando mi cartera, lentes, pasaporte
y documentos, a punto de abordar el mismo vuelo que
Eduardo tomó 32 años antes. El vuelo que
cruza la cordillera de Los Andes de Mendoza a Santiago.
Su vuelo nunca llegó, afortunadamente el mío
si...
|